Ruido Roto

junio 19, 2007

Y tras la muerte del proceso (la oficial, digo, el entierro: la autopsia fue en aquél parking) se postula un silencio del todo descorazonador. Callan todos cuando ven mermadas sus esperanzas. Y con esto no hablo de las de los defensores del proceso, a capa y espada. Me refiero a todas las esperanzas dipositadas en el proceso, que eran muchas y de muy diversa intención. Ante la vuelta a las armas, sólo queda callar y unirse. Faltaría más.

 Los gruñidos de los muchachotes de Libertad Digital y el Plural se quedan ahora afónicos: el escenario político, desierto de ideas y de realidad zizekiana, se convierte de nuevo en una larga marcha de ciclos entre simples y distintos actores. Es una cordialidad casi francesa.  

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