Mycroft en nuestros cerebros

mayo 15, 2007

Micronesia en el cerebelo es el resultado del ser consecuente. Mycroft es el clásico protoblogger: un individuo que no se puede ligar a ningún tópico existente. Hiperbloguero hasta límites miikeanos, su bitácora no engaña a nadie y nunca peca de casi nada: llena de deliciosos fragmentos e incitando siempre a la reflexión, a la rebeldía, evita siempre caer en la petulancia del opinador ignorante, en el exceso verborreico para centrarse en las elipsis.

Porqué Micronesia en el cerebelo está construido en elipsis (pausas calculadamente arrítimicas, a modo de estado de ánimo) en las que el lector reflexione y el autor prefiere ser el gran preguntador. Lo que hace grande a una bitácora no es la carencia o el exceso de una pretensión, o el ajustamiento ceñidito a la teoría del medio-mensaje mcluhaniano sino ser maravillosamente lógico en toda la irracionalidad que inunda a la práctica de escribir. Inagurando la rara avis de la política no entendida como algo de lo que huir sino como parte irreversible de la reflexión humana. Bajo esta valiente y maravillosa premisa el lector audaz encontrará un pozo sin fondo de disidencia (quizá la palabra más bella).

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4 Responses to “Mycroft en nuestros cerebros”

  1. Tycho Brahe Says:

    Sencillamente impresionante.

  2. Tycho Brahe Says:

    Remarco lo dicho anteriormente, muy bueno el artículo de que el señor Camps no me compra, hace poco estuve en Valencia, y que decir, antes de montar un circuito urbano mejoraría notablemente el sistema de transporte público, sobretodo por lo que hace a la frecuencia de paso y comodidad de los autobuses.

    Perdon por el re-edit

  3. mycroft Says:

    Me va a sacar los colores…

  4. mycroft Says:

    Vaya, parece que la politización (provisional) de mi blog ha sido excesiva, o al menos asi lo han entendido algunos.
    Me duele porque son amigos los que han clamado al cielo, y me duele especialmente porque creo que se trataba de un post sobre humanismo, decencia, y respeto mutuo.
    Y yo mientras leyendo a hannah arendt en un intento por comprender qué diablos nos esta ocurriendo, que el lenguaje orwelliano ha calado tanto en nuestras mentes que uno no sabe ponerse en la posición del otro.


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