LOS CONCURSOS LITERARIOS: UNA EPIFÁNICA Y PATALETOSA EXPERIENCIA

enero 13, 2007

A L.

¿Saben cuál era el motivo de erección (cerebral) en mi cerebro antaño, cuando uno esperaba con ahínco el videoclip de Britney Spears, cuando pensaba que algún día quitarían de la palestra Salsa Rosa (pecados de juventud)? Los concursos literarios. ¿Y saben qué por estos lares hay una cosa que se llama San Jordi? Pues eso, cada día del libro se hacen Juegos Florales, o lo que es lo mismo un concurso literario. Mi fracaso en ellos ha sido tan alarmantemente anónimo que todavía sigo escribiendo (ya ven, ya ven).

El caso es que en primero de eso me presenté a un concurso literario. Ya saben, típico relato de frustración adolescente, de muchacha que desaparecía. Algo que se guarda en mi Pentium II. No pasé la ronda eliminatoria que organizaba la profesora de castellano. Y los resultados fueron los siguientes, en mi categoría, relato en castellano:

Primero –> hija de la profesora de castellano.

Segundo- à Hijo de la profesora de catalán.

Tercero   à Una que siempre ayudaba a la profesora de dibujo.

En segundo de ESO, volví quijotesco a ganar un concurso literario. Por mis cojones, me dije con la bravura de un pajero jovial y vitalista, que ganaré el concurso antes de que terminara mi paso por el instituto. Aquél año el relato no sé de que iba, pero sino iba de un sinsabor de algo parecido. Los resultados de aquél año fueron:

Primero -> Hijo de la profesora de catalán.

Segundo -> Hija de la profesora de castellano.

Tercero -> Desierto.

En Tercero de ESO ya sufrí mi primer síndrome de JD Salinger. A la mierda el escribir, coño. Y los resultados de aquél año fueron inusitadamente sorprendentes:

Primero –> Hija de la profesora de castellano.

Desierto.

Desierto.

En cuarto de ESO y viendo que en bachillerato ya nadie participaba y ese era, efectivamente, el año último en el que me podían laurear con una medalla como aquella, recoger la rosa y los apenas sesenta euritos, irme a la librería y cogerme libritos. Aquél año había presentado un relato más bien mediocre (lo digo en términos neutrales) que adquiría la forma de memoir amorosa a partir de piezas de jazz. Los resultados volvieron a dar un vuelco:

Primero -> Hija de la profesora de inglés (¡se había incorporado! Lo notamos, gracias)   

Segundo -> Hija de la profesora de castellano (un clásico)

Tercero Desierto.

Enfurecido en la salida insté a unos compañeros a gritar con una afonía y un desafinamiento notables, tongo, tongo algo que derivó, cual fenómeno paranormal, en un canto en el que se podía escuchar Oe Oe Oe Oé.

El premio que logré es que la directora del instituto, lo juro, (merece un post aparte, ella era una mujer nerviosa) me llamara y me dijera que tenía que saber perder.

Desde entonces creo saber como funcionan los concursos literarios.

Me abstengo.

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4 Responses to “LOS CONCURSOS LITERARIOS: UNA EPIFÁNICA Y PATALETOSA EXPERIENCIA”

  1. mycroft Says:

    Jajajaja, eso me lo conozco… yo solo me presenté una vez con un pastiche de kafka, la naranja mecanica y Esaton Ellis. Pretendía ser polémico y acabó siendo lioso como si de Valis de P.K. Dick se tratara.
    Evidentemente no gané.

  2. Noel Says:

    Jo, pues yo gané una vez en 1º de Bachillerato… Y no soy hijo de ningún profesor, simplemente tuve suerte. MUCHA suerte, porque el relato era una basura.

  3. Naxo Says:

    Hostia me acabo de acordar de todos esos concursos que organizaban y yo siempre decía: “buah, ahora mismo voy a casa y escribo el mejor cuento que estos pringaos han podido leer en su vida”. Evidentemente nunca lo hacía. A veces los empezaba, pero resultaban tan presuntuosos que eran imposibles de terminar. Mi ex-novia, una chica astuta, pero no muy culta, escribió una extrañísima historia sobre la muerte de su madre o algo así. Ganó. Yo estuve tirándome de los pelos cinco minutos.

    Otro concurso de dibujo, relacionado con El Quijote, no me llamó mucho la atención, y por lo que se ve tampoco al resto del instituto; sólo concursaron dos personas, casualmente en mi clase. El ganador de los dos primeros premios fue el hijo de la directora del APA, toma ya, la cual presidía el mismo jurado, viva. Lo mejor de todo es que poco después descubrí que el trabajo de este chaval había sido un plagio descarado, qué coño, una copia total; sólo que nadie se dio cuenta, o probablemente no quisieron.

  4. lauzier Says:

    Qué risa; sin embargo, debo decir que algunos concursos literarios (al menos de poesía) son honrados ya que publiqué mis tres libros de hace mil siglos a través de ellos, y sin ser hijo de la profe de inglés. Eso sí, tengo que decir que eligieron muy mal :))


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