TOUTS NOUS SOMNÉS EUROPÉENS: ENSAYO SOBRE EL NONSENSE.

septiembre 15, 2006

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Fue en
la Diada Catalana cuando el noticiario de Iñaki Gabilondo mostró a Pasqual Maragall, todo escéptico él, pronunciando aquello de la indepedencia de Cataluña no tendría sentido si todos somos europeos.

El pasado tres de septiembre, el diario El País publicaba un artículo del hermanísimo del pronto ex president, Ernest Maragall otro miembro importante de la directiva del PSC que se titulaba a modo de telefilm norteamericano estándar, El precio del éxito.

Días después de ese artículo, arrancaba de nuevo el nocturno programa de entrevistas de Mónica Terribas en TV3, La nit al dia, y empezó disparando bien y fuerte, en la línea de sus mejores entrevistas: Joan Clos y la crisis del PSC. La evidente insistencia y el evidente bloqueo del ex alcalde, pusieron de manifiesto varias cosas:

 

-El PSOE es un partido que siempre ha tenido sus ramos y divisiones (como el otro partido mayoritario). Todos sabemos que Zapatero estuvo, está y en cierta manera estará en el punto de mira de ciertos barones socialistas.

 

-El PSC es un partido en evidente descomposición, diáspora. Me lo cuentan amigos cercanos al que gobierna en el municipio y tampoco hace falta tener demasiados amigos, basta con observar muy atentamente las relaciones de Maragall con la directava catalana y con su partido estatal. Un presidente marcado por un discurso demasiado personal a ojos de algunos críticos, y realmente peligroso por parte de los barones socialistas (González, Chaves).

 

“Causan cierta inquietud algunas expresiones de quienes se presentan como Plataforma de Apoyo a Montilla: parecen buscar su afirmación en el contraste con el período español” destaca el diario del grupo PRISA en el artículo a dos páginas. Esta afirmación de Maragall (Ernest) debería ser más clara, menos política: buscan el contraste con el maragallismo. Recordemos que Montilla es una elección perversa desde un punto de vista psico-emocional: la junta socialista catalana la dirige un cordobés que nos lleva hasta los tiempos del Pijoaparte y además  supone un desafío a los que confiaban en Maragall, último representante de una burguesía catalana modernista (con abuelo como poeta estelar y mítico en la tradición cultural) que ya nunca volverá. No sé hasta que punto va a ser el PSC en estas elecciones catalanista o realmente de centro izquierda.

 

En muchas de las afirmaciones de Maragall del pasado gobierno uno asistía no al famoso govern d’esquerres, sino claramente a un discurso completamente catalanista. Quizá con toque progresista. El pacto, al estilo aleman, de PSC-CiU generaría una gran inquietud en el votante: nada peor que un partido de centroizquierda que confunde catalanismo con buena política catalana y el más rancio nacionalismo hereje de Cambó. Sería una oportunidad, sin lugar a dudas, para gobernar y tener a grandes partes del electorado contento pero no daría muchas posibilidades a desarrollar un gobierno de izquierdas en Cataluña pero de verdad.

 

La afirmación del president Maragall es ridícula y absurda por la propia naturaleza del partido al que milita: nunca ha sido un partido independentista, y en teoría no forma parte del nacionalismo (en teoría). También lo es en sí el marco de la declaración: en plena Diada Catalana parecen resurgir las paranoias de un brote independentista.

También risible es como Maragall (Ernest) finaliza su artículo: “A ser la mejor sociedad en términos de equidad, prosperidad y libertad, a ser
la Cataluña libre y digna que todos hemos soñado.”

 

Dejando clara la pataleta nacionalista que todavía vive, unfortanely, en el PSC (y no va a despegarse, mucho me temo de este corsé mental en mucho tiempo) y pronunciando un discurso de connotaciones totalitarias. A ser todos Cataluña. Libre y digna. Los ciudadanos son libres y dignos. Los espíritus territoriales, que encuentran derechos “históricos” de nada sirven. Y mucho menos si estos entes geográficos tienen además cualidades propias de sus ciudadanos.

 

Volviendo al otro hecho: Clos en televisión zanjó la obvia fractura del PSC con un hacemos cambios para evitar la crisis.  Los relevos generacionales acostumbran a ser más rutinarios: los relevos recientes en este partido no son para evitar nada; más bien para ocultar un desmembramiento interno cada día más exuberante.

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